Pues voy a colgarlo aqui con un pelin de retraso :) .
Que me pregunto yo, cuantas de estas propuestas cuentan con la necesaria colaboracion de las administraciones varias y cuantas con el sector privado.... ?.
Le
he visto a usted, señor Hernando, en la televisión, en un ejercicio de
falsedad e hipocresía solo digno del Hurias Heep dickensiano de David Cooperfield,
manifestando su sorpresa porque los que reclaman la exhumación del
Valle de los Caídos de sus deudos asesinados por los franquistas, a los
que enterraron junto a sus asesinos, estén siempre “con los muertos a vueltas” cuando usted desea que “los muertos descansen en paz”, y hasta se atrevió a añadir que “alguien debe de entretenerse con ello”.
Como yo tengo unas familiares muy cercanas que hace 80 años que se están entreteniendo buscando los restos de su padre, le voy a contestar a tales manifestaciones contándole su historia.
El 17 de julio de 1936, Virgilio Leret,
capitán de aviación del Ejército Republicano, al que había jurado
fidelidad muy gustosamente, ya que pertenecía al Partido Socialista y
había estado implicado en la conjura de Galán y García Hernández, era el
jefe de la base de Hidros de Mar Chica en el Ataloyón de Melilla. Ese
infausto día, el ejército faccioso sublevado a las órdenes del general
Francisco Franco, asaltó la base. Después de una heroica resistencia que
duró sólo unas horas, ya que no tenían ni municiones ni hidros, que se
encontraban desguazados para limpiarlos, Leret y sus tropas se rindieron
al ejército rebelde. Y, despreciando las leyes de la guerra, los
facciosos fusilaron inmediatamente al capitán y a los trece oficiales
que comandaban la tropa y que se habían batido valerosamente contra los
fascistas, en defensa del legítimo régimen de la II República.
Nunca se encontraron sus cuerpos.
Virgilio Leret era el marido de mi
tía, Carlota O’Neill, la hermana de mi madre, Enriqueta O’Neill, que
pasó seis años de prisión por ser la esposa del capitán, y padre de mis
primas María Gabriela y Carlota Leret O’Neill. Ellas, mis primas,
todavía están buscando los restos de su padre para poder honrarle en una
sepultura digna.
En similares condiciones, se
encuentran 150.000 desaparecidos, asesinados por falangistas,
franquistas y otros de igual laya, en todas las cunetas, caminos y
campos de España. Como ya se ha repetido, España es el país que tiene
más desaparecidos después de Camboya.
España es también el país donde
después de una cruenta guerra civil, la única en Europa contra el
fascismo, y de una dictadura interminable, no se han creado tribunales
que aclararan los crímenes de los dirigentes del régimen, no se ha
constituido una Comisión de la Verdad como en Sudáfrica, no se han
anulado los innumerables infames Consejos de Guerra en los que se
condenaba a muerte a republicanos, anarquistas, sindicalistas,
socialistas, comunistas, masones, demócratas y simple gente del pueblo
que había votado la República.
En Alemania, Francia, Portugal,
Grecia, Argentina, Chile, Uruguay, Guatemala, se han celebrado juicios
contra los dictadores y sus sicarios torturadores, algunos incluso en
España -¡macabra paradoja!- y condenado a decenas de años de prisión a
los culpables, por los mismos delitos que en España cometieron sus
conmilitones fascistas que nos oprimieron y explotaron durante cuatro
largas décadas.
En España, no. En España se tardó 32
años en aprobar la Ley de Memoria Histórica después de morir el
dictador. Una Ley que no anula los juicios fascistas, que no provee de
medios para buscar las fosas comunes, desenterrar los restos y darles
sepultura digna y que no indemniza a las víctimas. Y en cuanto el
Partido Popular se hizo con el gobierno anuló todas las ayudas
económicas –¡tan miserables!- que se habían concedido para llevar a cabo
esa justa misión.
Ese Partido Popular que tiene como
honroso representante a Rafael Hernando, que habla en nombre de su
partido en los términos que acaba de hacerlo, y que no ha accedido a
condenar el golpe de Estado de 1936, impuso sus condiciones para aprobar
la Ley de Memoria Histórica en 2007.
Hace diez años, cuando se estaba debatiendo en el Parlamento, con interminables discusiones y estéril retórica escribí:
“En definitiva, ser demócrata en
España es diferente de serlo en Alemania o en Argentina. Hoy, ni
siquiera a las víctimas sobrevivientes de la Guerra Civil y la dictadura
se les otorga la satisfacción de ver a sus verdugos avergonzados.
Porque nunca nos pidieron perdón”.
Pero no sólo no nos han pedido perdón
sino que el portavoz del PP, partido que gobierna nuestro país, se
permite burlarse de las víctimas. En otra célebre comparecencia ante los
medios de comunicación Rafael Hernando afirmó que “algunos se han acordado de su padre cuando había subvenciones”. Por eso, para que los olvidemos definitivamente y dejemos de “entretenernos moviendo a los muertos” el Partido Popular ya no concede subvenciones para la búsqueda de las fosas comunes.
Pero quiero decirle, señor Hernando,
que mis primas Gabriela y Carlota Leret O’Neill, no han recibido nunca
subvenciones para buscar los restos de su padre. Han trabajado en la
búsqueda de datos, en viajes desde Venezuela donde residen, en las
entrevistas con los todavía supervivientes de aquella época, en
procedimientos múltiples, administrativos y judiciales, de los que no
han obtenido respuesta, costeándoselo de su propio peculio.
Y de la misma manera, la hija de
Julián Grimau, fusilado en abril de 1963, y las hermanas de Salvador
Puig Antich, asesinado a garrote vil el 2 de marzo de 1974, y los amigos
y parientes de los últimos ejecutados por el franquismo el 27 de
septiembre de 1975 –porque el dictador murió matando-, y las hijas y
nietos de los miles de desaparecidos durante los exterminadores años de
la dictadura, nunca han recibido ayuda económica alguna para su labor de
perseguir la justicia.
Ciertamente, señor Hernando, usted no
debe sentir vergüenza por sus declaraciones, ya que es muy proclive a
divulgarlas. En diciembre de 2014 fue condenado a pagar 20.000 euros, con el portavoz adjunto Rafael Merino, al partido político UPyD
por vulnerar el honor del mismo y acusarle de financiarse ilegalmente.
En diciembre de 2012 negó el cambio climático aduciendo que esos
“postulados” responden a “eco comunismo que profetiza lo mismo que eso de que el próximo 21 de diciembre se va a acabar el mundo“. En octubre de 2012 llamó al juez Santiago Pedraz “pijo ácrata”, comentario del que tuvo que disculparse poco después.
Usted no tiene vergüenza de
pronunciar tales expresiones públicamente porque no tiene ningún
familiar asesinado, torturado ni exiliado por los franquistas. Su
pariente más conocido es Rafael
Pérez Escolar, abogado y político, dentro de la antigua Alianza Popular
–luego Partido Popular-, que fue representante del Consejo de
Administración de Banesto en la etapa de Mario Conde, por lo que fue
procesado.
Su biografía corresponde exactamente
al arquetipo de la derecha española: dirigente de un partido fundado por
Manuel Fraga Iribarne, ministro y embajador de Franco durante décadas;
firmante de penas de muerte; ministro del Interior que afirmaba que“la calle era suya”
y ordenaba a la policía matar a tiros a los trabajadores en las
manifestaciones; autor de las leyes de represión de la libertad de
prensa, de opinión, de manifestación, de partidos políticos. Un partido
que protege al capital y oprime a los trabajadores, que le niega a las
mujeres el derecho a disponer de su capacidad reproductora, que persigue
la libertad de expresión y de manifestación, y que vota en contra de
todo intento, por tímido que sea, de restaurar la memoria y la justicia
en nuestro país.
Para completar el retrato del señor
Hernando, es amante de las corridas de toros y procesiona cada Viernes
Santo con las cofradías del Santo Sepulcro y la Virgen de los Dolores de
Almería.
Y por supuesto, “no se entretiene moviendo a sus muertos” de las fosas comunes ni del Valle de los Caídos, porque no tiene ninguno.
Desde el exilio esta pieza musical tiene otros sabores....
Zalú y Alegria
Va, pensiero - del ópera "Nabucco" de Giuseppe Verdi (1842)
Ve, pensamiento, con alas doradas,
Ve, pósate en las lomas, en las colinas,
donde exhalan tibios y suaves
los aires dulces de la tierra natal.
Saluda las orillas del Jordán
y las torres derruidas de Sión
¡Oh, patria mía, tan bella y tan perdida!
¡Oh recuerdo tan querido y tan fatal!
Arpa de oro de fatídicos vates,
¿por qué cuelgas muda del sauce?
¡Reenciende en el pecho los recuerdos,
háblanos del tiempo que fue!
Igual que los hados de Sólima
traes un sonido de crudo lamento
¡Que te inspire el Señor un canto,
que al padecer infunda virtud,
que al padecer infunda virtud,
que al padecer infunda virtud,
al padecer, virtud!
Va, pensiero, sull'ali dorate;
Va, ti posa sui clivi, sui colli,
Ove olezzano tepide e molli
L'aure dolci del suolo natal!
Del Giordano le rive saluta,
Di Sionne le torri atterrate...
Oh mia patria sì bella e perduta!
O membranza sì cara e fatal!
Arpa d'or dei fatidici vati,
Perché muta dal salice pendi?
Le memorie nel petto riaccendi,
Ci favella del tempo che fu!
O simile di Solima ai fati
Traggi un suono di crudo lamento,
O t'ispiri il Signore un concento,
che ne infonda al patire virtù,
che ne infonda al patire virtù,
che ne infonda al patire virtù,
al patire virtù!
Mucha
gente cree que el capitalismo es un sistema económico que resulta de
valores consumistas y que, al mismo tiempo, los alienta. Nada más falso y
nada más errado. El capitalismo requiere, tanto para su origen como
para su funcionamiento cotidiano, de valores que son la antítesis del
consumismo y del estilo de vida despreocupado que parece ser más una
consecuencia de la opulencia que este genera y de ideas como de las
keynesianas, que provienen de una etapa madura del mismo, que de los
valores que lo conformaron en sus comienzos a principios del siglo XIX.
Daniel Bell escribió hace años un hermoso libro sobre las
contradicciones culturales del capitalismo en el que profetiza que
morirá de éxito, precisamente porque al devenir más ricas las
poblaciones olvidarán los valores que permitieron la liberación de la
pobreza. Las personas criadas desde pequeñas en la riqueza, y sin
memoria de la historia de los procesos que la condujeron a ella, tienden
a pensar que es algo que viene de la noche de los tiempos, como algo
garantizado que no puede ser destruido y sólo incrementado. Pero ¿a qué
valores nos estamos refiriendo? Principalmente a dos: el ahorro y el
trabajo. Pero en este artículo me referiré principalmente al ahorro.
El ahorro es el valor principal del capitalismo y sin el cual este no
podría existir en las dimensiones actuales. Consiste en diferir el
consumo de bienes presentes para poder disponer de consumos futuros,
bien porque podamos prever que van a escasear en el futuro, bien para
obtener algún tipo de lucro de tal abstención. Sin ahorro previo no
pueden ser financiados bienes de capital y, por tanto, no se podría
haber incrementado el nivel de vida hasta los estándares actuales. El
ahorro es una virtud que precisa de disciplina interior en el sentido de
ser capaces de doblegar nuestros impulsos de disfrutar placeres
presentes. La virtud del ahorro requiere de previsión y cálculo hacia el
futuro y, si bien se encuentra en mayor o menor medida en todos los
seres humanos, necesita ser educada si se quiere conseguir una sociedad
capitalista y, por tanto, disfrutar de buenos niveles de vida en todos
los aspectos, esto es, en un nivel de consumo aceptable o en el disfrute
de bienes tales como servicios de salud o educación. La educación de
esta virtud requiere, sobre todo, configurar una cierta perspectiva
respecto del tiempo, esto es, valorar más el futuro y menos el presente.
Las sociedades capitalistas nacen entre poblaciones con una preferencia
temporal muy baja, como ocurrió en la época victoriana en Inglaterra.
Era una sociedad puritana y frugal que valoraba muy poco los placeres
presentes y pensaba a largo plazo, en el porvenir. Fue una combinación
de valores religiosos, sociales y económicos que confluyeron en una de
las sociedades más frugales que vieron los tiempos. De esa frugalidad, y
no de las colonias como se suele decir (muchos países las tuvieron
antes, como España y Portugal, y no devinieron capitalistas, más bien lo
contrario) fue de donde se consiguió generar el capital necesario para
financiar el primitivo desarrollo industrial, que luego se extendería al
resto de Europa. En sociedades como la británica de esa era se fundaron
con gran éxito, incluso, bancos de céntimos para favorecer el ahorro de
las clases obreras, que podían ir allí a depositar pequeñas cantidades
de dinero, para poder prever para el futuro y para educar en la
continencia económica a los más desfavorecidos, y evitar así que lo
continuasen siendo. Campañas educativas a favor del ahorro como las de
Samuel Smiles, bien descritas en sus obras hoy por desgracia olvidadas,
eran frecuentes en aquella época, junto con valores moralizantes en
contra del alcohol y el vicio del juego. Estos autores acostumbraban a
usar ejemplos como el de capitalizar a interés compuesto durante diez o
veinte años el consumo de alcohol cotidiano del trabajador, mostrando
que estos pequeños gastos podrían ser transformados en grandes
cantidades de dinero o en seguros para evitar la pobreza en caso de
infortunio. Cierto es que buena parte de la formación de capital que se
hace a día de hoy se debe al ahorro de empresas, a los beneficios no
repartidos de las mismas e invertidos en la producción, pero también es
cierto que tales decisiones son tomadas por personas dotadas de una
visión temporal a largo plazo y que entienden las ventajas a medio y
largo plazo de diferir el consumo. La virtud del ahorro también tiene
mucho que ver con la cultura predominante en cada sociedad. Hay culturas
que favorecen el ahorro y la frugalidad, mientras que otras como la
nuestra favorecen el consumo y el disfrute de la vida y del momento, el
famoso carpe diem. Esta cultura, extendida por los medios de
comunicación, el arte e incluso el sistema educativo, afecta
sustancialmente a la perspectiva temporal de buena parte de la
población, reforzando la ya fuerte tendencia hacia el disfrute inmediato
y destruyendo toda la compleja arquitectura del ahorro que fue
conseguida a través de los siglos en un largo y difícil proceso de
civilización temporal.
El “lo quiero aquí y ahora” parece ser el signo de los tiempos.
Consumimos muchos de nuestros bienes a crédito, sin pasar por el
sacrificio previo de privarse de bienes de consumo, incluso llegando al
extremo de consumir bienes de ocio o bienes de consumo inmediato
(viajes, banquetes) pidiendo préstamos que, a su vez, influirán en
nuestra capacidad futura de ahorro. Pero esta capacidad de consumo
actual está muy influida por nuestra capacidad de ahorro. De no ser
capaces de mantenerla irá poco a poco disminuyendo hasta que nuestro
actual nivel de vida se haga insostenible. La educación en el ahorro o
en el cambio de nuestra preferencia temporal no debe ser, sin embargo,
obligatoria. Cada persona tiene derecho a mantener el estilo de vida que
le apetezca, pues esta es una cuestión moral en la que la economía o la
política no tienen nada que decir. Pero es importante saber cuáles son
las consecuencias de nuestras acciones. Puesto que, de seguir pautas de
vida o consumo insostenibles económicamente, no tendremos derecho a
quejarnos si al cabo de unos años nuestro nivel de vida decae y ya no
podemos disfrutar de bienes y servicios, muchos de ellos básicos en el
nivel de vida al que estamos acostumbrados. El ahorro es una virtud que
merece ser alabada y defendida, sin obligar a nadie, pero teniendo en
cuenta que es gracias a ella que podemos disfrutar de una vida que ni el
faraón podría haber soñado.
20
de marzo de 2007. Primera solicitud de concurso presentada ese año en
el Juzgado de lo Mercantil de Cádiz, del que yo era magistrada titular
desde el mismo día de su creación, el 1 de septiembre 2004: Delphi
Automotive System España S.L. (conocida como Delphi, la empresa de
automoción de Puerto Real).
Fueron momentos muy duros. El eslogan que sonaba en todas partes era Delphi no se cierra
(llegué a verlo hasta en mi garaje), pero Delphi -por desgracia para la
provincia- ya llegó con una decisión de cierre previamente tomada por
el órgano de administración societario en febrero de 2007. La
declaración de concurso, difícil decisión. En prensa, opiniones diversas
sobre su procedencia. Era caso de insolvencia inminente, un supuesto
novedoso de la Ley Concursal de 2003, en aquellas fechas aún con escasa
aplicación, a diferencia de lo que ocurriría a partir del año siguiente
con la crisis y fundamentalmente del sector inmobiliario.
¿Un supuesto de globalización? No había diferencia,
el juez está sometido al imperio de la Ley. La insolvencia, aun siendo
inminente, era cierta y estaba acreditado que en breves fechas no podría
hacerse frente a los pagos de los proveedores y demás acreedores, y
entre ellos, las nóminas de los trabajadores, como luego corroboraría el
informe emitido por la administración concursal. Y además, la matriz
del grupo en EEUU estaba en "bancarrota", sometida al Chapter 11.
Incluso en una ocasión tuve que autorizar la presentación de un
documento para la ejecución del acuerdo con los trabajadores ante el
Tribunal de Nueva York.
Jurídicamente, tuve que dictar resoluciones muy
interesantes y complejas. Personalmente, fueron los momentos más duros.
Con fecha 16 de mayo de 2007 la concursada presentó una solicitud de
extinción de toda la plantilla, 1.540 trabajadores. A pesar de que hubo
acuerdo, que se alcanzó en la madrugada del 4 de julio de 2007 -del que
fui informada por SMS esa misma noche- y que el acuerdo contenía
indemnizaciones incluso superiores a las entonces previstas en el
Estatuto de los Trabajadores para el despido improcedente (y cuyo pago
por importe de 120 millones de euros asumió la matriz), no dejaba de ser
un acuerdo de extinción de "todos" los contratos de trabajo: 1.540
trabajadores -familias- que perdían sus empleos.
Tuve que redactar una resolución fundada y extensa,
que acababa aprobando el acuerdo. Al auto dictado incorporé como anexo
la relación de los 1.540 trabajadores, "con nombre y apellidos". Fue
durísimo, muy triste. Perdí peso, tenía insomnio -recuerdo que me
levantaba a las 4 de la madrugada y me ponía a trabajar en el ordenador
porque no podía dormir-. Me consta por la prensa que aún hay
trabajadores que no han encontrado trabajo. A los 1.540 trabajadores sin
contrato se unían las empresas auxiliares, igualmente afectadas.
Jurídicamente, como he dicho, fue un concurso muy enriquecedor, pero sin
duda fueron momentos muy tristes por la pérdida de tantos empleos en la
provincia, un varapalo más para Cádiz, a la que tan fuertemente ha
afectado la crisis. Y fue el principio de una espiral de concursos que
a partir de 2008 afectó a más empresas y trabajadores.
Visto lo visto, parece que han hecho un buen trabajo los que han gestionado el DELPHI AUTOMOTIVE tras el cerrojazo de comienzos del siglo,. ( De muestra un botón )
Cerrojazo que se llevó por delante docenas de miles de empleos, docenas de fábricas en todo el mundo...etc.
Dándole un vistazo a la cotización de DLPH en NYSE, se ve claramente la buena evolucion desde 2012 ( año de su vuelta a la bolsa NYSE) .
Asi que solo queda decir.... bíen está lo que bién acaba.
....nuestra economía ( la de Andalucia ) está centrada en el extractivismo minero, en
una agricultura insostenible ecológica y socialmente y en el
monocultivo turístico: tres funciones caracterizadoras de una colonia.
Por Isidoro Moreno
Catedrático Emérito de Antropología Social
4 de diciembre, 39 años después
Podría afirmarse que el 4-D fue pronto robado a los
andaluces, eliminándolo como Día de Andalucía para intentar borrarlo de
la memoria colectiva y sustituyéndolo por el 28-F
Han transcurrido treinta y nueve
años desde aquel 4 de diciembre de 1977 en que cientos de miles de
andaluces salimos a las calles, bajo una sola bandera -la verde, blanca y
verde-, para hacer ver que existíamos como pueblo y exigir instrumentos
políticos propios con los que encarar los gravísimos problemas que
sufríamos: paro, pobreza, emigración, baja calidad de la educación… Muy
pocos conocían que casi cien años antes, en 1883, se había presentado en
Antequera un proyecto de Constitución en el que se definía a Andalucía
como "soberana y autónoma", organizada "en una democracia republicana", y
se planteaba su construcción política de abajo arriba, a partir de los
municipios y cantones (comarcas) con arreglo a un modelo confederal.
Pocos, también, sabían quién había sido Blas Infante ni que el golpe
militar-fascista de 1936 se había llevado por delante, entre otras
muchas cosas, la Autonomía andaluza prevista para antes del final de
aquel año.
Si hubiéramos preguntado aquella mañana qué se
entendía por "autonomía", las respuestas habrían sido múltiples pero con
un denominador común: instrumentos en nuestras manos eficaces para
poder cambiar las cosas. Ésa fue la aspiración que ilusionó a la mayoría
social andaluza y que hizo posible, algo más de dos años después, el
triunfo -que era prácticamente inviable por las condiciones bajo las que
tuvo lugar- en el referéndum de iniciativa autonómica del 28 de febrero
del 80. Esa ilusión fue la que pronto se frustraría, convirtiéndose en
desencanto, ante las muy limitadas competencias del Estatuto que
consensuaron los cuatro partidos parlamentarios -PSOE, UCD, PCE y PA- y
por la falta de voluntad política para construir un régimen político
autonómico por parte del que ha venido gobernando ininterrumpidamente
hasta hoy, el PSOE, en ocasiones con la muleta de partidos bisagra como
fueron primero PA, luego IU y ahora Ciudadanos. En lugar de construir
ese régimen autonómico, lo que edificó fue un régimen político
unipartidista y clientelar, propenso a prácticas corruptas, sobre el
modelo del PRI mexicano, que ha extendido sus tentáculos no sólo en el
ámbito de las instituciones políticas sino en todos los de la sociedad
civil, perpetuando la dependencia económica, la subalternidad política y
la alineación cultural cuya eliminación debía ser precisamente el
objetivo de la autonomía.
Podría afirmarse que el 4-D fue pronto robado a los
andaluces, eliminándolo como Día de Andalucía para intentar borrarlo de
la memoria colectiva y sustituyéndolo por el 28-F, que ha venido siendo
una simple excusa para repartir medallas y dar a los niños en las
escuelas públicas, el día antes, su anual ración de "andalucismo"
consistente sólo en pan con aceite para el desayuno. Como fueron
vaciados de contenidos reivindicativos nuestro himno, nuestra bandera y
el propio Blas Infante, convertido en una especie de santón laico que
puede ser impunemente invocado incluso por los herederos ideológicos de
quienes lo fusilaron.
Tras casi cuarenta años de "autonomía", Andalucía
está hoy, a nivel comparativo, en el mismo sitio que estaba antes de
instaurarse ésta: encabezando todos los índices de desempleo, pobreza,
emigración, baja inversión por habitante en educación, sanidad y
vivienda… Nuestro territorio está más esquilmado y militarizado y
nuestro patrimonio, natural y cultural, más mercantilizado y amenazado
que entonces. Lejos de responder a un "nuevo modelo productivo", como
nos dicen, nuestra economía está centrada en el extractivismo minero, en
una agricultura insostenible ecológica y socialmente y en el
monocultivo turístico: tres funciones caracterizadoras de una colonia. Y
utilizando mecanismos institucionales -el sistema educativo, la
televisión pública y otros- han conseguido que descienda enormemente la
conciencia sobre lo que somos, de por qué somos como somos y la
capacidad de lucha para acercarnos a lo que queremos ser colectivamente.
Un pueblo, el andaluz, que asombró -y asustó- a los
poderes dominantes en la llamada Transición política, está hoy
anestesiado y con el pulso débil. Pero, como está vivo, despertará
cuando se autorreconozca, recupere la ilusión y luche por sí,
impidiendo que nadie hable en su nombre. Cada quien debería reflexionar,
este 4 de diciembre, sobre cuál debe ser su papel en conseguirlo.